A una traición mundana

El primero de los poemas que tenía olvidados y sin colgar: una reflexión nacida de una de esa pequeñas puñaladas cotidianas que, por alguna conjunción cósmica te dejan tocado en lugar de serte indiferentes y que no me molestaré ni en relatar. (1 página)

A una traición mundana

A la rosa la espina
A la fe la decepción
Y a la confianza infundada la traición ladina.

A la luz del sol su tibio abrazo
A la botella las esquirlas de cristal
Y el afecto de la meretriz al pago.

Se siguen como las estaciones y los años
Unas cosas a las otras por las primeras perseguidas
Entrecruzándose hasta tejer en esparto los relatos
Que conforman la sucesión de hipocresías que llamamos vida.

No hay anémonas entre el ser humano,
A duras penas sí personas sinceras,
A duras penas afectos inmaculados,
A duras penas miradas profundas y pieles de seda,
Pues no hay entre los humanos…
No hay anémonas ni peces payaso.

Y es extrañamente sin puñales,
Negligencia a negligencia,
Que se edifica la traición,
Que se niegan vanidades,
Que se marca cual becerro el corazón
Con el hierro de la indiferencia.

Pero siempre quedaremos estúpidos
Que escondidos tras cínica barrera
Soñemos como escolares entre campos de centeno
Con algún fugaz atisbo de lealtad imperecedera,
Pues más allá de toda redención y padecimiento,
Siempre quedaremos en el mundo estúpidos

A la amapola el veneno
A la madreselva el rencor
Y al diente de león el olvido completo.

Al hola el adiós
A cada palabra un silencio
Y a cada beso, una mirada desdeñosa y sin amor.

(18/10/11)


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