Autopsia de “Amor a primera vista”

De nuevo un poco tarde, lo siento, el resto de las actualizaciones serán en horario normal, la autopsia del microrrelato con el que nos deleitábamos, o no sufríamos especialmente, ayer. (1 página)

Historia: Lo cierto es que no hay mucho que contar. Monti me hizo saber del concurso de TMB de relatos cortos, y como de costumbre me persuadió de hacer una tontería, en este caso, presentarme, ello, sumado al hecho de que no disponía de tiempo material para escribir otro episodio del relato de Elías y Jacqueline me hicieron darle un par de vueltas a escribir el relato de menos de una página que leíamos ayer. El proceso fue más o menos que, partiendo de la base de que el relato tenía que transcurrir en la red de metros y autobuses de Barcelona, de ahí a la historia de amor, y de ahí, por lógica irremisible, al suicidio de dos desconocidos que se han enamorado al verse. Todo bastante típico de mí a juzgar por lo que me han comentado.

Nacimiento: La idea original de la que partí fue precisamente la que acabo de decir, y desde ahí pues todo siguió un patrón bastante ordinario. La historia empieza por la mañana por mi manía personal a empezar las cosas con la gente levantándose, aquí no tenía espacio así que empieza saliendo de su casa. Por lo demás sólo hacía falta presentarle como una persona gris, ponerle a la chica delante, y tirarle al metro. Simple, directo, sencillo. Las frases finales sobre los periódicos fueron las primeras que se me ocurrieron, también en mi línea, en palabras de Monti “vacilando al lector.”

Curiosidades: La chica está inspirada en, me invento el nombre pero ella sabrá quien es, la princesa de fuego. Digo inspirada porque lo más probable es que en esa situación la princesa de fuego le hubiera pegado una patada a Víctor y se hubiera subido al metro sin siquiera molestarse en horrorizarse por la muerte de este. Femmes Fatales ¿no las adoráis?

Aunque para cualquiera que vaya en metro en Barcelona esto más que una curiosidad es el pan de cada día, el tema del reloj que se reajusta y no pasa de los cuarenta segundos ni a empujones refleja fielmente la realidad. En teoría hay unos contadores digitales que van para atrás hasta que más o menos entre 25 y 15 segundos (tiempo marcado) el metro llega. El caso es que una vez llega al minuto, el reloj empieza a reajustarse, añadiendo y quitando tiempo, y es normal que esté entre los 40 y los 30 segundos durante bastante rato, causando algún que otro ataque de ansiedad a quienes no están familiarizados con el fenómeno. De hecho se puede reconocer a un turista en Barcelona porque se levanta del asiento atendiendo al reloj, en lugar de esperarse a que se oiga llegar el metro.

Y con esto llegamos al final de la autopsia, ha sido breve, pero casi tan extensa como el relato original, espero que la hayáis disfrutado. Tened una buena semana.


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