Bernina Kulm I-B

Segunda parte de la primera parte de este relato, que corté para cumplir con el nuevo formato, espero que la disfrutéis. [Click aquí para leer este relato desde el principio]

A Héctor por su parte le había tocado bajar al infierno. En la armería recogió su equipo, no el traje de piloto, sino el uniforme de infantería, un chaleco blindado, y un fusil de asalto reglamentario. Ya pertrechado se dirigió al hangar. La mayoría de los pasillos estaban desiertos, con todo el personal trabajando y los hangares repletos de civiles, todo el mundo estaba ocupado en mantener la nave operativa y en relativa paz. El hangar ya era harina de otro costal. Por todas partes yacían las naves en las que habían llegado los civiles. Decenas de pilotos y los oficiales a cargo del hangar trataban de organizarlas de modo que cupieran algunas más, el escaso personal médico, ayudado por algunos soldados, trataban las contusiones y las heridas de los refugiados, mientras otra parte del personal trataba de habilitar cualquier otro espacio de la nave como dormitorios improvisados, con el fin de despejar el hangar. Nadie prestó atención a Héctor ni por un momento y dadas las circunstancias, Héctor se alegró de ello.

Custodiado por un par de guardias armados, un reluciente T–162 esperaba a Héctor en una de las escotillas de lanzamiento. Héctor fue hasta allí sin cruzar la mirada con nadie, dedicó un breve saludo marcial a los guardias, y respiró aliviado cuando la puerta blindada se cerró a su espalda, dejándole aislado de todo, junto con un hombre, algo mayor y de aspecto jovial, que esperaba junto al carguero. Desde la puerta pudo ver Héctor los ocho crusader 5000 acoplados a las bahías de motor del T–162. Además de una mayor autonomía de vuelo, el combustible de antimateria permitió un cambio mucho más importante, los conocidos como motores plug&fly. En la mayoría de aeronaves los depósitos de combustible han desaparecido, dejando paso a motores que llevan integrada su propia carga de antimateria para el vuelo. Así en el ala de una nave sólo hay un anclaje y la entrada de datos para el control de los motores. En vuelos atmosféricos esto reduce el tiempo de las paradas, puesto que en en el aeropuerto únicamente hay que cambiar los motores antes de que el avión vuelva al aire, dejando el mantenimiento del motor para los técnicos en tierra. En el espacio el mayor cambio lo han vivido las naves de carga, haciendo que en lugar de diversas naves con varias capacidades de carga una misma nave, con distintas configuraciones de motor pueda encargarse de una mayor variedad de cargas, ahorrando valioso espacio en los hangares y reduciendo el coste de adquisición de vehículos de transporte. Los Crusader 5000 con una capacidad de carga de, valga la redundancia, cinco mil toneladas cada uno eran de los motores más potentes que podían acoplarse a un T–162.

–¿Para qué necesitáis una nave de transporte con cuarenta mil toneladas de capacidad de carga?– preguntó el mecánico casi riendo.
–Para transportar–
–¿Y se puede saber qué demonios vais a transportar?–
–La obra completa de Dostoyevsky– respondió Héctor subiéndose a la cabina.

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