El Lobo y el Hada II

Segundo fragmento, algo más largo que el anterior y que narra el entrañable momento en que el lobo y el hada traban por fin conocimiento mutuo. No os lo perdáis.

Aquel invierno estaba resultando mucho más duro que el anterior, y los animales estaban empezando a desesperarse. Sus últimas y ya escasas reservas de comida habían desaparecido presa de las ardillas. De aquello hacía dos días y el hada no se explicaba cómo había animales que podían estar semanas sin comer. El hambre y el frío la habían empujado a volar mucho más lejos que nunca, hacia la parte exterior del bosque. En su camino se encontró con una extraña caverna artificial hecha de árboles muertos apilados. Miró a través de un material semitransparente pero dentro no vio más que un montón de extraños objetos hechos también con cadáveres de árboles. Al poco se posó sobre un pequeño pero prometedor arbusto. No encontró un sólo resquicio de alimento. Estaba por echarse a gritar cuando un pequeño búho se poso frente a ella con mirada anhelante. El hada se quedo extrañada por un instante, no estaba acostumbrada a los entresijos de la cadena alimentaria, y mucho menos a las vicisitudes de la vida de una presa. Hizo un amago de escapar, pero el ave era mucho más rápida que ella. Incluso trató infructuosamente de negociar con el depredador, lo que pareció divertirle.

El lobo salió de su cueva temprano, el hambre y la sed no le ayudaban a conciliar el sueño. Movido por la sorda determinación que cientos de generaciones de ancestros imprimían en sus genes se encaminó hacia sus terrenos de caza. Anduvo durante cerca de una hora pero el bosque parecía dormido, y su paso era demasiado sonoro en el vacío como para pasar desapercibido. Cerca del que parecía el último arroyo que contenía agua líquida de todo el bosque se topó en un claro con una pequeña rapaz que escarbaba distraídamente en la nieve buscando algún ratón. El lobo se agazapó entre la maleza, se acercó lo más que pudo en silencio absoluto y saltó sobre el animal, que trató de emprender el vuelo, siendo interceptado por los afilados dientes del carnívoro. No hubo lucha. El lobo comenzó a extraer las entrañas del animal con el ansia que el hambre hendía en él. No había mucho, pero no podía quejarse.
Poco después de haber despojado al animal de su caja torácica y habiendo devorado sus vísceras, el lobo sintió una mirada que se clavaba en él. No había nadie en el claro, ni en los árboles, ni al alcance de sus sentidos. Sólo al ir a reemprender su comida la vio: una pequeña hada que contemplaba su inerte sustento con expresión de horror.
-Hola- saludó el lobo arrancando un ala del búho de un mordisco. El hada le miró con los ojos salidos de sus órbitas. -¿Estás bien?-
-Lo has matado…- balbuceó el hada
-Cosas de la cadena trófica- espetó el lobo siguiendo con su comida.
-Pero… está muerto-
-Lo has cogido… te matan, estás muerto… es algo así como una relación causa efecto-
-Pero… toda vida es sagrada- el hada se apartó de lo que quedaba del cadáver del búho.
-Sí, bueno, no todos nos alimentamos de maná y buenas intenciones-
-Eres malvado-
-No, tengo hambre -se justificó el lobo.- Además tú le estabas ayudando y hasta donde sé los búhos son rapaces.
-¡No le estaba ayudando!- el hada se sintió un poco humillada.
-Estaba buscando comida en la nieve, tú estabas con él, es obvio que…espera… ¡Te estaba cazando a ti!- el lobo empezó a reír a carcajadas ante la idea de aquella orgullosa hada huyendo de un búho hambriento.
-Era tan vil como tú-
-No, tenía tanta hambre como yo… probablemente más… ¿Quién en su sano juicio intenta comerse un hada? Y de todas formas ¿por qué no le lanzaste un rayo y listo?-
-Las hadas no usamos la magia para herir a los demás, somos siervas de la luz-
-Lo que tu digas… en todo caso sólo con tu aura mágica ya debería…- el lobo olfateo con cuidado a su alrededor y luego al hada, levantándola del suelo –No hueles a magia… ni un poquito… ¿Se te han congelado los conjuros?- se mofó el lobo.
-No digas tonterías… es sólo que estoy hambrienta- “mintió” el hada.
-Ya… si me disculpas tengo mucho que cazar- dijo el lobo emprendiendo su camino.
-Estás siendo un poco arisco ¿No te parece Todd?- dijo una voz dentro del lobo
-Las hadas huelen a hada y los ciervos a ciervo. Tiene forma de hada, pero no es un hada, y no voy a quedarme hablando con un dragón en potencia. Si tiene algún problema que le ayude su círculo- Lo cierto es que como carnívoro, el lobo estaba algo resentido con las hadas, auténticas o no.
-Lo que es como decir que te ayude tu manada- respondió la voz.
-Y sin embargo- dijo el lobo en voz alta. -Hoy me siento generoso, así que si prometes invocarme un par de liebres te ayudo a encontrar un árbol maná… o un hierbajo maná… o lo que sea que comáis- hada o no, parecía bastante desnutrida vista de cerca.
-En primer lugar, asesino, el maná brota de todas las cosas vivas, es la energía que proviene del sol, la tierra, el agua y el viento y que fluye hacia el todo. No hay árboles maná. En segundo las hadas nos alimentamos de las plantas y del néctar de las flores. Y por último, aunque tuvieras un sombrero, que no lo tienes, dudo mucho que pudiera sacar una liebre de dentro- la ignorancia del lobo resultaba molesta pero al mismo tiempo podía ser su mejor baza para que le ayudara a encontrar algo de comer.
-Recoger una cosecha debe de ser todo un reto con esas manitas- se burló el lobo manteniendo las distancias. Ílidan le había contado hacía años que ninfas, dríades, hadas y demás espíritus del bosque se nutrían de la energía del bosque, y que en el caso de las hadas sus mayores excesos consistían en gotas de rocío, pocos frutos y algo de miel.
-La madre naturaleza cuida de las hadas- dijo el hada sentándose sobre el arbusto que le había llamado la atención antes.
-Ya… la madre naturaleza también hizo ese arbusto urticante- respondió el lobo. -¡NO! Si te lo tocas te esparcirás el aceite por todo el cuerpo, ves a lavarte al arroyo-
-¿Desde cuando las manadas de lobos ayudan a las hadas?-
-¿Tengo cara de ser una manada?-
-Los lobos viven en manadas-
-Y las hadas también, suponiendo que eso seas-
-¡Qué sabrás tú de hadas!-
-Sé que un hada puede volverse invisible y sé que ni siquiera el más estúpido animal se intentaría comer a un ser mágico- contestó Todd harto ya de las mentiras del ente.
-Soy un hada de…- se quedó en blanco pensando en alguna variedad de hada herbívora.
-Si… un hada de las trolas- dijo Todd hastiado. –Algo muy malo habrás tenido que hacer para perder tu magia y que ni tus hermanas te perdonen- espetó Todd empezando a caminar.
-¡¿Qué has hecho tú para que ni los asesinos te quieran en su manada?!- gritó el hada roja de rabia. El lobo se detuvo en seco y la miró. Por un momento el hada temió por su vida.
-Ahora mismo pareces un hada de fuego- suspiró con una triste sonrisa. –Tengo algo en mi cueva, no es mucho, pero con tu tamaño seguro que servirá-
-¿Cómo se que no vas a comerme?- preguntó el hada perpleja por el cambio de actitud.
-Por que con tu tamaño no vales ni el esfuerzo de masticarte- el hada voló al lado del lobo unos metros en silenció antes de empezar a sentirse tranquila.
-¿Como te llamas?- le preguntó cuando se hubo lavado en el arroyo.
-Todd-
-No suena muy a lobo… yo soy Naida- respondió ella.
-Bueno… al menos no pasaremos sed – rió el primer lobo del bosque en rescatar a un hada de las garras de un depredador.

Tras algunos minutos llegaron a una gruta de piedra no muy lejos de donde el hada había visto la guarida de madera muerta y entraron dentro de la misma, el lobo sacó un vegetal medio congelada de una parte más interna de su hogar y la dejó caer frente al hada. Naida la devoró con ansiedad y casi sin masticar. El lobo no pudo evitar sonreír ante la desesperación con la que el hada daba cuenta de la planta. Se tumbó a su lado sin decirle nada y esperó a que terminara con su particular banquete. Naida se durmió y Todd salió a hacer su ronda nocturna.

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