La batalla de Lanser IV

Cuarta parte del relato escrito por Monti sobre la batalla del Yamato contra la base pirata situada en el asteroide Lanser. En esta entrega veremos el final de la batalla y se dará la primera pista sobre el secreto oculto de los piratas de Lanser (1 página).

En ese momento cesó el tono; alguien que se encontrara en el exterior de la nave habría visto el destello azulado de un rayo de plasma pasando muy cerca del Yamato, lo que indicaba que las contramedidas habían funcionado. En el puente de mando de la nave, Steinfield pasó a la pantalla principal el visor de infrarrojos, que mostraba la foto tomada en el instante del disparo enemigo. El asteroide se veía como una mancha oscura sobre la que no se distinguía ningún detalle a excepción de un diminuto punto candente, el destello del disparo; el ordenador de a bordo había dibujado un círculo en torno a ese punto y al lado del círculo había desplegado una ventana de información con multitud de datos, el capitán de artillería repasó brevemente los datos y se apresuró a dar instrucciones al ordenador para apuntar ahí los cañones.

-¡Señor, blanco fijado!- informó finalmente. Mientras, la sirena de ataque empezó a sonar de nuevo. Al oír el grito del oficial, Steinfield pulsó los botones para disparar los cañones uno y cuatro; en la pantalla observaron una explosión sobre la superficie del asteroide y oyeron como la sirena dejaba de sonar.
-¡Artillería enemiga neutralizada!- informó el capitán de artillería con un emocionado grito.

Steinfield notó cómo el Yamato empezaba a reducir su velocidad, lo que indicaba que se encontraban en la aproximación final; unos segundos mas tarde, observó que un transporte de tropas y cuatro cazas de escolta se separaban del Yamato e iniciaban el asalto a la base pirata. Una vez la nave de asalto se había acoplado al asteroide, se puso en marcha el comunicador y en el puente pudieron oír las voces de los soldados asaltado la base. El barullo en el comunicador se prolongó algunos minutos, calmándose progresivamente a medida que se iba oyendo el grito “¡Posición asegurada!” Cuando la base cayó finalmente y griterío cesó del todo, el teniente que dirigía el grupo de asalto informó de que la base enemiga había sido tomada y estaba bajo su control.

-¿Bajas?- preguntó Steinfield
-Cuatro enemigos con heridas leves. Ningún muerto- respondió con cierto orgullo.
-Le felicito teniente, me gustan las operaciones limpias. Lleven a los heridos a la enfermería, interroguen a los detenidos y pasen copia a mi ordenador los datos que recuperen de sus sistemas. Estaré en mi despacho analizando la información recogida- ordenó a modo de despedida mientras se levantaba de camino a su despacho. Dejó el mando de la nave en manos de Guillot, que tenía órdenes de gestionar los últimos detalles de la operación, del interrogatorio, y de devolver a la nave a su ruta de patrulla.

Una hora después Guillot entró en el despacho de Steinfield, quien parecía bastante absorto en el trabajo de analizar los datos que habían ido llegando de la estación.
-Caso cerrado, eran contrabandistas; compraban a piratas material robado y luego lo revendían en el mercado negro- Saludó Guillot finalmente. Steinfield dejó ir una sonora carcajada.
-¿Y te lo has creído?- Guillot miró extrañado y Steinfield continuó -Empecemos con algo facilito, dime que ves de raro en este registro- Guillot miró la pantalla del ordenador de Steinfield, que mostraba el registro de las naves que habían pasado por la base pirata, y se fijó en varias naves concretas.
-Por las horas y la rutas de vuelo… Estas naves tendríamos que haberlas interceptado… ¡¿Este registro es falso?!- Steinfield sonrió
-Muy bien André; siguiente acertijo- Steinfield puso en la pantalla de su ordenador el plano de la base enemiga, dime que ves aquí de raro- Guillot empezó a examinar el plano y no tardó en darse cuenta de que aquello no una base de contrabandistas; para empezar, el muelle de atraque era muy pequeño, ahí no había manera de anclar naves de carga, aparte de que no había ningún almacén para guardar las mercancías; todas las salas de la base, excepto el puente de mando y las salas de equipos informáticos, eran bastante pequeñas y los pasillos eran para paso de personas, por ahí no podían pasar cargamentos. De todas formas, lo que más le llamó la atención era la gran cantidad de salas con equipos informáticos y de comunicaciones; con aquello se podía dirigir una flota de un tamaño más que considerable. A Guillot no le quedó duda alguna, aquella base era un centro de mando; las organizaciones mafiosas más importantes tenían centros de mando para gestionar sus flotas, pero nunca nada de semejantes dimensiones. Sin lugar a dudas, aquello era una instalación militar, desde allí se podía dirigir un ejército.

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