Madreselva que sin saberlo ardes

Y vuelvo de las vacaciones con mucho menos trabajo hecho del que me gustaría. Pero la verdad es que el verano es una época nefasta para la creatividad. El caso es que estoy de vuelta y el texto con el que regreso está dedicado a una ex-novia que sin duda sonreiría si supiera que le he escrito mucho más desde que lo dejamos que mientras salíamos. Una buena mujer, estúpidamente traicionada, y una reflexión acerca de como los errores pesan más que los aciertos. Disfrutadla de mi parte.

Madreselva que sin saberlo ardes

Tú, efímero acierto
Que vuelas como un pétalo dorado,
Cuéntame tu secreto
Tú que vuelas en el cielo estrellado,
Susúrrame algún cuento
Algún verso de nieve,
Sombras de escarcha y hielo.

Tú, error de vil hierro
Que me pesas como un sueño quebrado,
Húndete o vuela lejos,
No te quiero a mi oído oír pegado,
Suspiro macilento
Que me busca y me hiere
Entre pedazos de un futuro incierto.

Me quedaría…
Con tres poemas,
Dos escenas de amor,
Tu mirada indiscreta
Y aquél beso traidor,
Mitad de vil mujer,
Mitad sabor de niña.

De nada ya me vale
Soñar mejor recuerdo,
Madreselva que sin saberlo ardes
Inundando la noche
Con el olor de un te quiero, un beso,
Una traición, y un centenar de errores.

Madreselva que sin saberlo ardes
Con más brío y fuerza
Que mejores amantes
Y mujeres más bellas.

(04/07/13)

 


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *