Panem et circenses

Mi primera, y tal vez mi última visita al mundo de las diatrivas de caracter social y político. Es pero que os guste, o que os enfurezca lo suficiente como para dejar comentarios. Cualquiera de las dos me vale.

Panem et circenses

¿Recordáis hace algún tiempo? Aquellos tumultos, las plazas tomadas y las manifestaciones casi diarias. Yo sí, colectivos que nunca habían colaborado unidos por la conciencia de sus intereses comunes, desahucios contra los que se peleaba y políticos acosados en sus casas. Uno casi podía sentir fe en el futuro y mirar con cierto orgullo a la raza humano cuando, por primera vez en mucho tiempo, los gobernantes estuvieron cerca de complacer a Cicerón con su miedo a los gobernados.

Pero entonces alguien ondeó una bandera, y todo se fue al infierno.

Pan y juegos de circo, damas y caballeros, ese es el secreto.

Y es que muchos perdieron sus hogares, sus trabajos, sus ahorros. A unos les estafaron y otros descubrieron por las malas la diferencia entre ley y justicia. Pero la inmensa mayoría conseguimos comer, y la política, la política es el mejor de los juegos de circo.

Como cualquier deporte, permite crear bandos, héroes, villanos, traidores y salvadores. Permite clasificar a “los tuyos” y “los otros” con un sencillo juego de colores. Como en cualquier deporte, hay que “sentir los colores” y apoyar a tu equipo. Pero, del mismo modo que en el deporte, los profesionales se unen al equipo en el que creen que llegará más alto.

La mayoría de los humanos no queremos luchar, luchar es cansado, peligroso y el triunfo no está asegurado. No, la mayoría no queremos luchar, queremos vivir tranquilos, ocuparnos de nosotros mismos y no pensar demasiado en cómo está organizado el mundo.

Pero eso no significa que vayamos a dejar que nos sodomicen con una sonrisa.

Porque es muy duro mirarse a los ojos en un espejo y decir: No, hoy tampoco has hecho nada para evitar que tu vida se vaya al infierno. Uno necesita conservar su propia autoimagen, la idea de que es una persona competente, de que ha luchado por sus derechos, por sus libertades y necesidades del mismo modo que necesita interpretar sus acciones de modo que pueda decirle a esa imagen del espejo que no es mala persona. Quizás cometió errores, o estaba confundido, o no le quedó más remedio, pero no es mala persona. El cerebro humano está construido para preservar nuestra frágil autoestima y nos juega tretas así.

Y esa es la gran ventaja de la política, que permite calmar la conciencia sobre nuestra propia sumisión sin apenas esfuerzo. Una pequeña discusión en un bar, una diatriba sin sentido en cualquier rincón de internet y todo queda solucionado. Ya has luchado amigo mío, a partir de ahí son los poderosos los que no nos dejan, y no hay nada que se pueda hacer al respecto.

No nos engañemos, yo no cogería un fusil, ni lucharía guerras, yo, como la mayoría, me contento con quejarme en un bar, debatir en un foro, y fingir que quiero cambiar.

Y sinceramente tampoco pretendo hacer apología de los fusiles y las guillotinas.

Pero sí animaría a todo el mundo que se mirara sin miedo y aceptara lo que es.

No fui nunca valiente, ni luchador, ni ambicioso, pero siempre he sido sincero. Y no temo decir lo que veo cada día al mirar el espejo.

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