Voces de sirena

Otro poema que escribí sin planteármelo, mientras tanto, el famoso poema que estaba escribiendo cuando se me ocurrió el anterior sigue siendo un pequeño A5 doblado en un rincón de mi mesa. Un saludo especial a mi crítico por su ayuda, mayor de lo habitual, para pulir tanto las primeras estrofas como el estribillo de este poema. Espero que os guste. (1 página)

Voces de sirena

Resuenan en la profundidad de un rincón prestado
Invocando en la distancia del ensueño
Voces de sirena
Que llaman a su caballero,
Notas de edulcorada pleitesía
Que no dejan de ser sin embargo
Fútiles cantos, pueril mentira,
Simples voces de sirena.

Sonámbulas pesadillas ambulantes
En el rincón más aciago de mi estancia subterránea
Me acechan los anhelos íntimos, los secretos aberrantes
Que acarician el alma con yertas manos ásperas.

Voces de sirena
Y la canción de un querubín,
Lánguidas lágrimas postreras
Por el sueño que perdí.

Te entregaré las alas…

Y sin embargo sólo tengo la frágil piel humana,
La escuálida grandeza de un poeta ermitaño,
La nimia sabiduría de un caminante atento,
La hierática soledad de un pensador huraño,
Y la efímera verdad que esconde los rincones del alma.

Voces de sirena
Y la canción de un querubín,
Lánguidas lágrimas postreras
Por el sueño que perdí.

Te entregaré las alas…

Senos desnudos de una mujer cantora
Vibran al compás de cada nota seductora,
Senos que prometen entre acordes
Que bailan al son de sus melodiosas voces.

Mientras, la caricia aterciopelada de una manipuladora taimada
Galopa por entre mis pensamientos, piel desnuda que suspira y se abraza,
Promesas de una felicidad superflua y carnal, mujer de sumisión comprada.

Voces de sirena
Y la canción de un querubín,
Lánguidas lágrimas postreras
Por el sueño que perdí.

Te entregaré las alas…

A cambio de la lineal felicidad del estúpido
Los colores perdidos en el ultravioleta de una margarita
A cambio de la brutal simpleza de una existencia vacía
Los matices de un mirar tortuoso y macilento
A cambio de un vivir ignorante y abúlico
Cada uno de mis fútiles, mis efímeros versos.

Sonríe Atenea en la distancia de un mundo imaginado.

Dulce es el averno del poeta olvidado,
La catacumba del ermitaño cautivo,
Si queda un verso en mis venas,
Merecerá la pena el alba
Si no son los matices como arena en las manos
Valdrá la pena la sangre en las zarzas del camino
Y la traición de mil mujeres taimadas
Mientras me quede mente y poesía
Y la bendición de la magnánima Atenea.

Voces de sirena
Y la canción de un querubín,
Lánguidas lágrimas postreras
Por el sueño que perdí.

Te entregaré las alas…

(31/07/11)


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